lunes, 19 de septiembre de 2011

BÓLIDOS DEL ESPACIO EXTERIOR
 IMPACTADOS SOBRE SUELO GUACAREÑO
—Omar Idler—


Cráter de impacto de un meteorito  en la cumbre de un estribo
de montaña en la Fila El Toco, Guacara.  Foto G. Ramírez. 
  
En un momento no precisado de historia tardía en la geografía de lo que hoy es Venezuela, grandes bólidos, convertidos en masas incandescentes, penetraron la biósfera del globo terrestre en una trayectoria inclinada, impactando en varias regiones nacionales, dejando huellas imborrables sobre todo en la orografía y el suelo llano. La cuenca lacustre valenciana conserva en su relieve esas marcas que impresionan hoy su corteza. Al norte del reservorio lacustre, que hoy denominamos Guacara, podemos apreciar cráteres de relativa magnitud e importancia.
Foto G. Ramirez. Uno de los cráteres de impacto
 sobre la cresta del estribo.
 Los ciudadanos residenciados en este importante poblado, cargado de historia antigua, hoy transitan inadvertidamente al lado de estas evidencias producidas por pesados elementos físicos provenientes del espacio exterior sin siquiera sospechar que alguna vez se produjo un estremecimiento del suelo  provocado por un bólido espacial.
Las crestas montañosas de la fila de cerros ubicada al noreste del Municipio Guacara, colindantes con el complejo polideportivo del Sector “Negro Primero”, el barrio “San Rafael” y la urbanización “La Floresta”, ofrecen una inconfundible vista de un  impacto meteórico apreciable a mucha distancia.
La masa incandescente de un pesado aerolito, al aproximarse al suelo guacareño, se dividió en varios cuerpos menores que no tuvieron espacio suficiente para dispersarse, golpeando primariamente en conjunto una cúspide de cerro  que pudo atajar solo una parte de la masa fundida, la cual continuó su trayectoria cientos de metros más para estrellarse finalmente contra otro estribo de la fila de cerros.
La boca del cráter de impacto  presenta un diámetro 
en su mayor anchura de aproximadamente veinte metros
 y su mayor profundidad  oscila sobre 10 m. Al fondo, 
el autor. En primer plano Jahn Ydler.
Foto G. Ramírez. 

Sin duda el estrepitoso impacto se produjo  el año de 1906, tal como fue registrado en   dato colectado por el órgano Ecos de Yagua (20/08/2000): "... durante la celebración de  las fiestas carnavalescas, cuando se despedía el martes 13 de febrero, cerca de las 10 pm., entonces  el silencio fue roto por una muy fuerte explosión que estremeció la tierra y provocó vientos huracanados. Una luz rojiza que iluminó gran parte del pueblo fue emitida por  un grupo de tres estructuras que impactaron (2) en la Fila El Toco y otra (1) en el norte del Los Guayos.  La ruidosa e inquietante explosión del impacto causó una gran confusión y la gente no supo que hacer, las familias se unieron para consolarse y buscando la protección divina se juntaron para orar, por el miedo a lo desconocido y el terror al fin del mundo, aunado a las supersticiones".
Sobre las dos laderas quedaron las impresiones del choque, produciendo cráteres característicos, producto del desalojo de toneladas de material rocoso. Las paredes de los hoyos aún presentan su aspecto calcinado y ennegrecido por la acción del material fundido. Fragmentos rocosos se proyectaron sobre la forma semiesférica del socavado, diseminándose en todas direcciones sobre la  cuesta de montaña. Algunas paredes de los hoyos irregulares superan los diez metros de profundidad y la boca superficial rebasa los veinte metros de diámetro.
Gerardo Ramírez fotógrafo de campo.
Distinguir estas marcas inadvertidas de los accidentes naturales terrestres requiere un estudio detallado de los especialistas que operan sobre el terreno con el objeto de arrojar luces sobre el conocimiento de nuestro estrato geológico más reciente. El accidente meteórico ofrece un espectáculo digno de excursiones didácticas para los jóvenes estudiantes e investigadores y profesionales de esta disciplina.